A manera de ensayo: Tecnologías y Posturas Educativas
Agosto del 2008
La tecnología y posturas educativas
Después de leer el primer capítulo del libro La máquina de los niños. Replantearse la educación en la era de los ordenadores de Seymour Papert (1928-2006) no dejo de cuestionarme si en verdad el hecho de contar con computadoras en las aulas de clases resolvería toda la problemática de aprendizaje con la que cargamos en nuestro país. Y no es que tema al “megacambio” como lo cita el propio inventor del lenguaje de programación LOGO, no me catalogo dentro de los anhelantes, pero cómo resolver tantos problemas. ¿Será que primero debe mostrarse a los educadores los beneficios de la computadora o cualquier otro tipo de tecnología y saberlas operar? o ¿Deberán ser las nuevas generaciones quienes impulsen esta evolución en las aulas? Esta pregunta se me presenta en mi mente, como aquella duda filosófica ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?
¿La computadora es un dios?
Seymour Papert plantea que los ordenadores o computadoras son las máquinas del saber que habían hecho falta cuando otros grandes pensadores de la educación crearon sus propuestas (Freire, Piaget, Vygotsky) razón por la cual no lograron los objetivos que se habían planteado, y a su vez, quienes los siguieron fueron dando concesiones al modo tradicional de trabajo que mucho que han alejado de las ideas originales de los autores.
Cito: “En la mayoría de los casos, sin embargo, hay razones más profundas que la mera carencia de las herramientas que les habrían permitido crear nuevos métodos de manera fiable y sistemática. Con medios muy limitados a su disposición, se vieron forzados a confiar demasiado en el talento individual de ciertos profesores o en la correspondencia con un contexto social específico. Como consecuencia, todo el éxito que hubieran podido tener, rara vez podía generarse” (1).
Plantea, además, que las computadoras acercan a los educandos hacia la investigación, y por ende a las respuestas de sus preguntas planteadas, por lo que el proceso de conocimiento es más amplio, libre y rápido que a aquel que se pueda presentar de una forma tradicional.
“Un sistema como este (lo que Papert llama una máquina del saber) permitirá a una Jennifer (un niño, cualquier niño) del futuro explorar un mundo mucho más rico que el que mis libros impresos me ofrecía. Utilizando el habla, el tacto o gestos, podría dirigir la máquina hacia las materias de su interés, moviéndose rápidamente por un espacio de conocimientos mucho más amplio que el contenido de cualquier enciclopedia impresa”. (2)
Es decir, su postura (y toda su investigación y labor pedagógica) es en pro de apoyar el uso de los ordenadores dentro de la vida escolar, incluso, llevar las computadoras portátiles para que con base en el uso de sus herramientas pueda haber una conocimiento más amplio.
Ahora bien, se debe comprender que el ordenador por sí sólo no guiará a los educandos hacia el aprendizaje de forma innata, tal vez sí obedeciendo su curiosidad, sin embargo no se le puede abandonar con un ordenador por compañía para que aprenda. Finalmente también tendría dudas.
Esas dudas, tendrían que ser resueltas por un tutor, quien deberá conocer más a fondo esta máquina del saber, sus contenidos, las posibilidades de conocimiento, el uso de las herramientas, lo dinámico y creativo que un individuo puede llegar a ser con ella. El alumno decidirá, finalmente su opinión es la que cuenta “y no es menos importante”. Con esta dinámica, podrá llegar a ser un gusto aprender, será toda una aventura tener conocimientos nuevos y no un ejercicio tedioso, limitado y no acorde a la tecnología que vive en casa y en sus ratos de ocio.
Para lograr este utópico cuadro de felicidad, debe haber alguien que lo dirija, alguien que opere esa máquina. Los intentos en nuestro país para desdibujar este cuadro se han hecho. Pero en experiencia propia e investigaciones de campo, se ha comprobado que el interés de los alumnos es mucho, están ávidos de conocimiento, con temor ante el aparato, pero con el reto en los ojos de poderlo dominar.
Se inauguran grandes bibliotecas virtuales, regalan computadoras desde equipos de fútbol, compañías refresqueras, hasta los propios creadores del software y las autoridades de cualquier lugar del mundo. Los ordenadores ahí están. Pero ¿qué pasa cuando los alumnos se quieren acercar a ellos?
El dios carece de profetas
Esta pregunta se la hice a un par de estudiantes de secundaria, las cuales me contestaron que es porque el maestro en turno no las dejaba tocar las computadoras porque las descomponían y porque se gastaban. La otra completó el comentario al decir que su profesor no sabía, que ella sabía más que él.
Lo cierto es que en mi experiencia como reportera, ha trascendido que las tecnologías acercadas a las comunidades de quedan en sótanos o en cuartos “guardadas”. Es así que el equipo de Enciclopedia enviado a la tenencia de Tiripetío en Morelia, Michoacán, por ejemplo, está en un salón vacío porque “nadie” sabe cómo usarla.
Las inversiones a los programas en tecnología dirigidos a la educación no han sido pocas, el sexenio federal pasado se hablaba que para Enciclopedia se había invertido alrededor de 9 mil 42 millones de pesos; 242 mil alumnos se han beneficiado con aulas de medios gracias al programa Un Gol por México (por nombrar sólo un caso de televisoras mexicanas y sus programas altruistas). ¿Qué pasa, entonces?
Un anhelante de la educación dio una razón “es claro que ni los libros de texto ni los programas oficiales de estudios contemplan las posibilidades que la computación viene abriendo desde hace tiempo. De esta manera, la computación está de facto restringida como herramienta de escritura, o como ayuda visual para los procesos educativos que se vienen realizando tradicionalmente. Las posibilidades de innovación con este esquema son reducidas. Por otra parte, si consideramos las enormes sumas de dinero que hoy se están invirtiendo para llevar las computadoras a las escuelas, bien vale la pena investigar sus enormes facilidades de aplicación para desarrollar los procesos de aprendizaje que nos puedan ubicar a la altura de las naciones más adelantadas” (3).
Conclusión
Las tecnologías educativas deben ser una herramienta para el aprendizaje, la presencia de ellas debe se común tanto para los alumnos como para los tutores, los cuales, al igual que los educandos cuentas con las tecnologías en sus casas, pero no así en el área del aprendizaje. La estrategia a seguir sería que también ese “megacambio” que se oferta a la educación llegue a los docentes.
Es decir, si se envían ordenadores portátiles a los alumnos, el profesor, por ende, también debe contar con uno y así se conviertan en instructores reales. Tutores de un cambio en donde a ellos también se les incluya, en donde, como al igual que los niños, naveguen por esa máquina del saber sin límites, pero sí con un fin: divulgar sus conocimientos.
Fuentes consultadas
(1) y (2) Papert S. la máquina de los niños. Replantearse la educación en la era de los ordenadores. Paidós 1995. Barcelona
(3) Artículo. Enrique Calderón A. http://www.jornada.unam.mx/2006/05/27/024a1pol.php
Lecturas Enseñanza Básica.
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